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¿CÓMO NOS TIENTA EL DEMONIO?

VIDEO: El Papa Francisco sorprende a líderes mundiales con una charla TED

VATICANO, 26 Abr. 17 / 05:10 am (ACI).- El Papa Francisco sorprendió a un auditorio de líderes mundiales reunidos en Vancouver, Canadá, con una charla TED en la que reflexionó sobre la importancia de construir un futuro juntos.

El Santo Padre dirigió su mensaje en el formato TED (Tecnología, Entretenimiento, Diseño), una organización sin fines de lucro que invita a diversos expertos para reflexionar sobre temas variados que incluyen ciencias, arte y diseño, política, educación, cultura, negocios, cuestiones globales, tecnología, desarrollo y entretenimiento.

Entre los conferencistas que ya han participado en este formato están el Expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, los ganadores del Premio Nobel James D. Watson, Murray Gell-Mann, y Al Gore; el cofundador de Microsoft, Bill Gates, los fundadores de Google Sergey Brin y Larry Page. (más…)

Homilia del Papa Francisco en la Solemnidad de la Bienaventurada Virgen de Fátima con el Rito de Canonización de los beatos Francisco Marto y Jacinta Marto


Atrio del Santuario de Fátima

Sábado 13 de mayo de 2017

Homilía

«Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.

Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ―a menudo propuesta e impuesta― sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ―nuestra humanidad― que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.

Conferencia de prensa del Papa Francisco en el avión: Medjugorje, Lefebvrianos, Trump…

img201705132159115917658f92524_topo2–¿Qué es lo que queda ahora para la Iglesia y para el mundo entero de las apariciones de Fátima? ¿Y qué se puede esperar sobre el encuentro con Trump del 24 de mayo?
Fátima tiene un mensaje de paz ciertamente y que fue llevado a la Humanidad por tres grandes comunicadores que tenían menos de 13 años, lo cual es interesante. La canonización de los pastorcillos fue una cosa que al principio no estaba planeada, porque el proceso sobre el milagro estaba en marcha pero de golpe las pericias fueron positivas y se aceleró. Para mí fue una gran felicidad. ¿Qué puede esperar el mundo? Puede esperar la paz. ¿Y de que voy a hablar yo de ahora en adelante con quien sea? De paz, de un mensaje de paz. Quisiera decir una cosa que me tocó el corazón. Antes de embarcarme recibí a los científicos de diferentes religiones que participaron en un congreso en Castel Gandolfo. Un ateo, sin decirme de qué país venía, me saludó así: “¡Yo soy ateo! Le pido un favor: dígale a los cristianos que amen más a los musulmanes”. ¡Este es un mensaje de paz!

(más…)

TEXTO Y VIDEO: Palabras del Papa en la vigilia en la capilla de las apariciones de Fátima


FÁTIMA, 12 May. 17 / 03:41 pm (ACI).- Tras bendecir las velas en el Santuario de Fátima, e instantes antes de comenzar el rezo del Santo Rosario, el Papa Francisco dirigió unas palabras a los cientos de miles de fieles y peregrinos congregados en el lugar, y recordó que “si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos”.

A continuación, el texto completo de las palabras del Papa Francisco en la vigilia de la Capilla de las Apariciones:

Queridos peregrinos de María y con María.

Gracias por recibirme entre vosotros y uniros a mí en esta peregrinación vivida en la esperanza y en la paz. Desde ahora, deseo asegurar a los que os habéis unidos a mí, aquí o en cualquier otro lugar, que os llevo en mi corazón.

Siento que Jesús os ha confiado a mí (cf. Jn 21,15-17), y a todos os abrazo y os confío a Jesús, «especialmente a los más necesitados» —como la Virgen nos enseñó a pedir (Aparición, julio de 1917)—. Que ella, madre tierna y solícita con todos los necesitados, les obtenga la bendición del Señor.

Que, sobre cada uno de los desheredados e infelices, a los que se les ha robado el presente, de los excluidos y abandonados a los que se les niega el futuro, de los huérfanos y las víctimas de la injusticia a los que no se les permite tener un pasado, descienda la bendición de Dios encarnada en Jesucristo: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).

Esta bendición se cumplió plenamente en la Virgen María, puesto que ninguna otra criatura ha visto brillar sobre sí el rostro de Dios como ella, que dio un rostro humano al Hijo del Padre eterno; a quien podemos ahora contemplar en los sucesivos momentos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su vida, como recordamos en el rezo del Rosario. Con Cristo y María, permanezcamos en Dios.

En efecto, «si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús, y que nos abre el camino que nos lleva a él» (Pablo VI, Homilía en el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, Cagliari, 24 abril 1970). De este modo, cada vez que recitamos el Rosario, en este lugar bendito o en cualquier otro lugar, el Evangelio prosigue su camino en la vida de cada uno, de las familias, de los pueblos y del mundo.

Peregrinos con María… ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el «camino estrecho» de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable? ¿La «Bienaventurada porque ha creído» siempre y en todo momento en la palabra divina (cf. Lc 1,45), o más bien una «santita», a la que se acude para conseguir gracias baratas?

¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?

Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente.

Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado (cf. 1 Jn 4,18). «Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño.

En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. […] Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 288). Que seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo.

Llevados de la mano de la Virgen Madre y ante su mirada, podemos cantar con alegría las misericordias del Señor. Podemos decir: Mi alma te canta, oh Señor.

La misericordia que tuviste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel la tuviste también conmigo. Oh Señor, por culpa del orgullo de mi corazón, he vivido distraído siguiendo mis ambiciones e intereses, pero sin conseguir ocupar ningún trono. La única manera de ser exaltado es que tu Madre me tome en brazos, me cubra con su manto y me ponga junto a tu corazón. Que así sea.

Mensaje con motivo del centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima

COMITÉ EJECUTIVO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

MENSAJE CON MOTIVO DEL CENTENARIO DE LAS APARICIONES DE LA VIRGEN DE FÁTIMA

Junto al Papa Francisco, peregrinos de esperanza y de paz

1.- Con motivo del centenario de las apariciones de la Virgen María en Cova da Iría (Portugal) el Papa Francisco irá como peregrino al Santuario de Nuestra Señora de Fátima del 12 al 13 de mayo de 2017.

Los obispos españoles queremos unirnos a esta peregrinación del Sucesor de Pedro interpretando así el sentir común de nuestro pueblo que tiene en la advocación y acontecimiento mariano de Fátima una de las devociones más arraigadas y populares. Junto con el Papa Francisco deseamos hacer realidad lo que reza el lema elegido: «Con María, peregrino en la esperanza y en la paz».

Como señalaba san Juan Pablo II, “no sólo los individuos o grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes buscan el encuentro con la Madre del Señor. Tal vez se podría hablar de una específica «geografía» de la fe y de la piedad mariana, que abarca todos estos lugares de especial peregrinación del pueblo de Dios” (Redemptoris Mater, 28).

Fátima es uno de esos lugares destacados, especialmente en la historia contemporánea de la Iglesia, en los que se hace realidad la súplica y alabanza a la Madre de Dios preanunciada por ella misma. Efectivamente, María toma conciencia de lo que Dios ha hecho en ella y anuncia en el canto del Magníficat su bienaventuranza a lo largo de los siglos: “Me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1,48). Es un hecho innegable: María aparece en todos los rincones de la geografía católica con la fuerza del encanto de su maternal intercesión (cf. Marialis Cultus, 56).

Este convencimiento tan constatable en nuestro pueblo nos lleva a unirnos con alegría a la celebración del centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima. Tres pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta) fueron los agraciados con la aparición de la Nuestra Señora. La novedad de estas apariciones de Fátima y núcleo de su mensaje consiste en la devoción al Corazón Inmaculado de María como un camino hacia el encuentro con Dios, concretando en este título su intercesión materna. Por medio de los sencillos María transmite un mensaje destinado a la Iglesia y a la humanidad.

Los papas peregrinos

2.- El Santuario de Fátima se ha convertido en estos cien años en un lugar privilegiado de peregrinaciones y entre los peregrinos destacan tres papas. Así el 13 de mayo de 1967, a los 50 años de las apariciones de la Virgen, el beato Pablo VI viajó a Fátima. Allí pronunció unas proféticas palabras sobre uno de los males que iba a padecer la Iglesia por “ideologías diseñadas para quitar de la fe todo lo que el pensamiento moderno no entiende o no acepta”. Pablo VI dijo también estas palabras: “Venimos de Roma para elevar, en Cova de Iría, nuestra ardiente súplica por la paz de la Iglesia y del mundo”; intención que sigue estando plenamente vigente en la actualidad y que hemos de hacer especialmente nuestra.

La relación de san Juan Pablo II con Nuestra Señora de Fátima fue muy intensa. Hay un momento especial el 13 de mayo de 1981, cuando –según cuenta él–, la Virgen le salvó de morir en un atentado perpetrado por Alí Agca en la Plaza San Pedro. Un año después de este suceso, el 13 de mayo de 1982, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima para “agradecer a la Virgen su intervención en la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”. En 1991 el Santo Padre regresó al Santuario, donde afirmó que “la Virgen me regaló otros diez años de vida” y volvió por última vez a Fátima para beatificar a los niños videntes Francisco y Jacinta el 13 de mayo del Año Jubilar del 2000.

Benedicto XVI, por su parte, acudió como peregrino a Fátima en el año 2010 en el décimo aniversario de la mencionada beatificación. Decía el papa Ratzinger: “He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de su protección materna (…). He venido a rezar, con María y con tantos peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos”. Una vez más, la finalidad gozosa de estar junto a la Madre llevaba consigo el propósito de orar por los pesares de todos los hijos, por los sufrimientos de la toda la humanidad.

El papa Francisco, que consagró el mundo a María el 13 octubre de 2013, acudirá ahora a Fátima para celebrar el centenario de las apariciones y canonizar a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto.

Sentido de las apariciones

3.- Para entender el sentido de las apariciones marianas que conmemoramos hay que relacionarlas con las maravillas que Dios ha hecho por su Pueblo, dado que Dios sigue actuando en la historia. En Cristo resucitado se cumplieron todas las promesas divinas, pero todavía la humanidad sigue esperando el retorno definitivo de Cristo y, hasta que Él venga, vivimos en el tiempo inaugurado por su resurrección, un período de esperanza, pero a la vez están presentes muchas lacras y sufrimientos.

Las apariciones se sitúan en el contexto del plan salvador de Dios, en el que el papel de María resulta esencial por su intercesión materna en el misterio de Cristo (cf. Lumen Gentium, 62). Las que conmemoramos de Fátima, en plena I Guerra Mundial, confirman que María, como buena madre, acude allí donde el corazón de sus hijos padecen todo tipo de sufrimientos y los horrores de la persecución o la guerra. “No tienen vino” (Jn 2,3), dice también en nuestro tiempo la Madre ante su Hijo, intercediendo por una humanidad necesitada.

La conversión a Dios que, junto con la oración, forma parte esencial del mensaje de Fátima, “trae consigo -como señalábamos los obispos- una esmerada solicitud por los pobres desde el encuentro con Cristo” (CEE, Iglesia servidora de los pobres, 34).

Impulso evangelizador

4.- La Virgen utiliza un lenguaje sencillo con los videntes, acomodándose a sus formas de hablar. Siguiendo la lógica de Dios (Cf. 1Co 1, 26-28), esta elección de los pequeños, de los pobres, de los insignificantes, es una constante que se repite en las apariciones marianas, sobre todo en las especialmente reconocidas de la época moderna. Está en total acuerdo con la doctrina evangélica que los pobres sean los predilectos para entrar en el Reino y que Dios escoge los lugares olvidados por los poderosos de este mundo. Así se realiza el dicho evangélico: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños” (Mt 11,25).

Qué gran recordatorio éste cuando la Iglesia en este momento de la historia, en el pontificado del Papa Francisco y en continuidad con sus últimos predecesores, está llamada a un nueva etapa evangelizadora (cf. Evangelii Gaudium, 15).

La Virgen descubre a unos videntes sencillos y pobres que los grandes acontecimientos de nuestro mundo están ligados a su fuente y raíz más profunda, que es el corazón del hombre en su apertura o cerrazón ante Dios.

“Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5)

5.- María, durante su vida en la tierra, sólo dirigió a la humanidad una única palabra: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5), y es muy significativo que todo el mensaje mariano de las apariciones se reduzca a esta sencilla afirmación, porque no hay nada nuevo en las embajadas de Nuestra Señora.

María, en Fátima, llama –como su Hijo– a la conversión, a la reconciliación, a la renovación de la vida cristiana, a la reforma de las costumbres, a la oración y al sacrificio por la conversión de los pecadores o en reparación de los propios pecados. Así lo recordaba el Papa Francisco al señalar que en las apariciones de Fátima “María nos invita una vez más a la oración, a la penitencia y a la conversión. Nos pide que no ofendamos más a Dios. Advierte a toda la humanidad sobre la necesidad de entregarse a Dios, fuente de amor y de misericordia” (Audiencia, 11-5-2016; cf. también Catecismo de la Iglesia Católica, n. 67).

En comunión eclesial con el Papa Francisco, pastores y fieles somos peregrinos en la esperanza y en la paz.

Exhortamos a los fieles a vivir con verdadero espíritu cristiano y afán evangelizador este acontecimiento eclesial del centenario de las apariciones de Fátima y deseamos que se renueve  en todos la verdadera devoción a la Virgen María, que “no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen Gentium, 67).

Finalmente, nos consagramos a Nuestra Señora de Fátima con la misma oración que el Papa Francisco pronunció el 13 de mayo de 2013:

Bienaventurada María, Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia maternal
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse
con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado,
para curarla y salvarla… 

Custodia nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza todo deseo de bien;
reaviva y alimenta la fe;
sostén e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad. 

Enséñanos tu mismo amor de predilección
por los pequeños y los pobres,
por los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y los extraviados de corazón:
congrega a todos bajo tu protección
y entrégalos a todos a tu dilecto Hijo,
el Señor nuestro Jesús. Amén.

Madrid, 20 de abril de 2017

Peregrinación del PapaFrancisco al Santuario de Nuestra Señora de Fátima con motivo del centenario de las apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iria (12-13 de mayo de 2017) – Misal

PEREGRINACIÓN
DE SU SANTIDAD
FRANCISCO
AL SANTUARIO DE
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

CON MOTIVO DEL
CENTENARIO DE LAS APARICIONES
DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA
EN COVA DA IRIA

12 – 13 de mayo de 2017

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Descarga aquí misal

Audiencia del Santo Padre a la Guardia Suiza Pontificia con motivo del juramento de los nuevos reclutas

6 de mayo de 2017.- Esta mañana, a las 11,15, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia al Cuerpo de la Guardia Suiza Pontificia, con motivo del juramento de los nuevos reclutas a quienes acompañaban sus familiares.

Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes en la audiencia:

Discurso del Santo Padre

Señor Comandante,
Reverendo Capellán,
Queridos Guardias,
Queridos familiares y amigos de la Guardia Suiza Pontificia:

Tengo el placer de encontraros  con motivo de esta jornada celebrativa  y deseo extender un cordial saludo en especial a los nuevos reclutas, que han elegido dedicar  unos años de su juventud al servicio del Sucesor de Pedro. La presencia de vuestros padres, familiares y amigos, venidos a Roma para participar en estos días de fiesta, manifiesta tanto el afecto de los católicos suizos por la Santa Sede, como la educación cristiana y el buen ejemplo con que los padres han transmitido a sus hijos la fe, el valor de la  pertenencia a la comunidad cristiana y el significado del servicio eclesial.

Como todos los años, recordáis el  doloroso y al mismo tiempo  famoso “Saco de Roma”, en  que los Guardias Suizos destacaron en una defensa valiente e indomable del Papa, hasta el sacrificio de la vida. Hoy no estáis llamados a esta ofrenda heroica de la vida física,  sino a otro sacrificio no menos arduo: servir la potencia de la fe. Es una barrera efectiva para resistir a  las diversas fuerzas y potencias de esta tierra y en especial a aquel que es “el príncipe de este mundo”, el “padre de la mentira” que “anda como un león buscando a quien devorar”, según las palabras del apóstol Pedro (1 Pedro 5.8).  Estáis llamados a ser fuertes y valientes, sostenidos por la fe en Cristo y su palabra de salvación. Vuestra presencia en la Iglesia, vuestro servicio importante en el Vaticano es una oportunidad para crecer como valientes “soldados de Cristo”. Los peregrinos y turistas que tienen la oportunidad de conoceros  se sienten edificados  cuando descubren en vosotros, junto con la característica buena educación, la precisión y la seriedad profesional, también el generoso testimonio cristiano y la santidad de vida. Que esta sea vuestra primera preocupación.

Me gustaría invitaros  a vivir el tiempo que transcurriréis en la “Ciudad Eterna” con fraternidad sincera, sosteniéndoos mutuamente para llevar  una vida cristiana ejemplar, que esté motivada y apoyada por vuestra fe. Estoy seguro de que el empuje más fuerte  para  venir a Roma a cumplir  este servicio os lo haya dado precisamente vuestra fe. La misión singular que se  os confía en favor de la Santa Sede y de la Iglesia tiene su origen en el bautismo, que os habilita a  dar testimonio de la fe en Cristo, muerto y resucitado, allí donde la Providencia os manda a  vivir.

Queridos Guardias, sentíos parte activa del gran pueblo de Dios, discípulos-misioneros comprometidos a dar testimonio del Evangelio en el entorno en el que obráis y en los lugares de tiempo libre. Y esto pasa a través de pequeños gestos cotidianos, a veces repetitivos, pero a los que es importante dar un significado siempre nuevo. Así, se forma  un estilo de comportamiento que, dentro del Cuerpo, está hecho de armonía mutua y comunión respetuosa con vuestros superiores, y fuera se expresa en la acogida, en la amabilidad, en la paciencia.

También os deseo que esta temporada de vuestra vida  os sirva para daros cuenta  de las muchas posibilidades de crecimiento espiritual y cultural que Roma ofrece. San Filippo Neri, cuya memoria litúrgica celebraremos  a finales de este mes, acompañaba a  sus muchachos  a descubrir las huellas de las  antiguas comunidades cristianas, tras los pasos de los santos. Es algo muy interesante: recorrer Roma tras las huellas de los tantos santos y santas que han vivido en esta ciudad.  Y así será  aún más inolvidable y rico de frutos vuestro período romano.

Aprovecho la oportunidad para reiterar a todo el Cuerpo de la Guardia Suiza  mi agradecimiento por la  diligencia y la solicitud con que desempeña su  valiosa actividad al servicio del Papa y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Os pido que recéis  por mí y, mientras invoco sobre vosotros la protección de la Santísima Virgen y de vuestros patrones San Martín, San Sebastián y San Nicolás di Flüe – de cuyo nacimiento celebramos este año el sexto centenario – os imparto de todo corazón la  bendición apostólica.

Carta del Santo Padre Francisco a los obispos de Venezuela

escudo_francisco

Vaticano, 5 de mayo de 2017

Queridos hermanos en el episcopado:

En estos días en que celebramos con un gozo particular que Nuestro Señor Jesucristo ha resucitado y está vivo y glorioso, me dirijo a ustedes para transmitirles mi más afectuosa felicitación pascual y para testimoniarles mi cercanía, consciente de las dificultades que están atravesando. (más…)

Mensaje para la XXXII Jornada Mundial de la Juventud, 2017

Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos

XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, octubre de 2018

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