Lanza de Dios BLOG

Inicio » Familia y defensa de la Vida » Mensaje de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida con motivo de la Jornada por la Familia

Mensaje de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida con motivo de la Jornada por la Familia

Mapa de Visitas

Map

Recursos Adviento

“Respuestas para defender la Fe”

¿Que dice la Iglesia Católica sobre el New Age? Yoga, Reiki …

Jesucristo Portador del Agua de la Vida – La fe Cristiana sobre la Nueva Era

Una reflexión cristiana ante la “Nueva Era”

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 950 seguidores

Siguenos en Facebook

Siguenos en Twitter

Categorías

Familia

Testimonios

Carta Apostólica “Misericordia et Misera”

JUBILEO DE LA MISERICORDIA

TEXTOS, HOMILIAS Y DISCURSOS DEL PAPA FRANCISCO EN LA JMJ16

Exhortación apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor)

Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2016-2020

CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI’

Bula ‘Misericordiae Vultus’

Papa Francisco

POPULAR EN LA RED

Blogueros con el Papa

Blogueros con el Papa

Visitas al Blog

  • 270,124 Visitas

Aviso de Lanza de Dios Blog

Gran parte del contenido ha sido exclusivamente sacado de sitios públicos de Internet, por lo que este material es considerado de libre distribución. En ningún artículo legal se menciona la prohibición de material libre por lo que esta página no infringe en ningún caso la ley.Si alguien tiene alguna duda o problema al respecto, no dude en ponerse en contacto con nosotros.

8000b-familiayvida.jpg

Familia, hogar de la misericordia

Fiesta de la Sagrada Familia
Domingo 27 de diciembre de 2015

Introducción

Este año celebramos la fiesta de la Sagrada Familia en el contexto del Año de la Misericordia, que el papa Francisco ha convocado y que hemos iniciado el pasado 8 de diciembre. San Juan Pablo II nos recordaba, en su segunda carta encíclica,Dives in misericordia, publicada en 1980, que Dios siempre es «rico en misericordia» (Ef 2, 4). Todos tenemos necesidad de acogernos a esta Misericordia divina para que en nuestra vida se haga el milagro de creer en la familia, esperar en la familia y amar la familia profundamente. Así, esta Jornada quiere ser eco de esta relación tan estrecha entre misericordia y familia, con el lema: «Familia, hogar de la misericordia».

Las tres parábolas [1] que utiliza el papa Francisco en la bula Misericordiae vultus para recordarnos a Cristo como Buen Pastor (la de la oveja perdida, la de la moneda extraviada y la del padre y los dos hijos) nos recuerdan la grandeza del amor de Dios y de su corazón a pesar de las divisiones, confrontaciones, que tanto afectan a la sociedad y, de un modo particular, a las familias, muchas veces consecuencia de las decisiones tomadas.

Un mundo sediento de amor y misericordia

Benedicto XVI nos recordaba que el mundo viene atravesado por una gran “crisis de verdad”. De hecho, la modernidad ha abierto el camino para la negación de la trascendencia y la posmodernidad ha consumado el eclipse del sentido de Dios y del hombre en muchísimos hombres y mujeres de nuestra generación, que conlleva una profunda crisis de identidad, en la que se da una «disociación entre sexualidad y reproducción, entre afectividad y sexualidad, entre fe y vida» [2].

«En el fondo –ha dicho san Juan Pablo II– hay una profunda crisis de la cultura, que engendra escepticismo en los fundamentos mismos del saber y de la ética, haciendo cada vez más difícil ver con claridad el sentido del hombre, de sus derechos y deberes» [3]. Esta crisis deja al hombre actual a la intemperie engañándolo y prometiéndole abundancia, cuando en realidad lo que hace es empobrecerlo. Así, nuestras sociedades del mundo desarrollado viven en su raíz más profunda la enfermedad del relativismo.

Ante esta enfermedad, la Iglesia, como madre y maestra, nos habla de la riqueza del verdadero amor y de la misericordia como elementos básicos para salir de esta situación de crisis. Benedicto XVI, en Deus caritas est, se preguntaba: ¿Se puede amar de verdad a Dios, ¿Podemos de verdad amar al prójimo, a mi esposa, a mis hijos, a mis amigos y próximos, a mis enemigos, con un amor incondicional? [4].

Lo que Cristo nos revela es la unidad del plan de Dios y del corazón del hombre, llamado a salir de la soledad, verdad que subyace desde el principio en la narración del Génesis. «Al principio los hizo Dios a su imagen y semejanza, hombre y mujer los creó» (Gén 1, 27). Este pasaje se complementa con el de Gén2, 24: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne». Desde que el mundo existe nuestros amores nos remiten a otro amor más grande, originario y perfecto. Solo nuestra dureza de corazón nos hace perder el horizonte del don de sí que se nos manifiesta como revelación y regalo.

Esto hace que en el corazón del hombre surja el clamor de una auténtica misericordia, que se ha mostrado de forma real y actual en Cristo, que recorre el camino de la vida junto a nosotros, como en Emaús. La misericordia no llega a nosotros como un mensaje abstracto, sino personificada en Cristo, porque Él mismo es la misericordia para cada uno de nosotros. El corazón de Cristo es un corazón transido por la ternura, es un corazón de carne, que va a marcar en la historia una nueva relación entre lo antiguo y lo nuevo que es Él, el paso de uncorazón de piedra a un corazón de carne, de un pueblo cuyo «corazón está lejos de mí», como dirá Isaías (Is 29, 13), a un «corazón nuevo» capaz de amar en un nuevo pacto de fidelidad. Todo se juega en el corazón, «porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6, 21).

Este cambio del corazón lleva a ungir las heridas con el aceite de la misericordia. «Si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2 Cor, 5, 14-15). El precio de su amistad –«vosotros sois mis amigos»– es lo que nos desconcierta. No nos pide que escalemos ninguna cumbre inaccesible, sino que nos acerquemos para aceptar su perdón. Es Otro el que me salva, dando su vida, el que sube al monte de la misericordia, al monte de la cruz, no para dar la misericordia, sino para hacerse pura misericordia. El mal ha sido aplastado por la plenitud de Cristo. De su costado herido brotó sangre y agua, la sangre que redime y el agua que nos purifica. Este «Dios de la consolación» (Rom 15, 4) nos ha enviado a Jesucristo como el primer consolador de los esposos desolados, y a las familias rotas. La promesa de Cristo es verdadera y nos devuelve la esperanza a la familia, que es el verdadero santuario de la vida, donde esta puede ser preservada desde su concepción, acogida y protegida hasta su madurez. Cada familia está llamada a ser pueblo de la vida y para la vida, a trabajar a favor de la vida para renovar la sociedad.

La familia evangeliza cuando es hogar de la misericordia

Cuando la familia vive desde ese amor que ha recibido y cuando hace de su hogar un lugar privilegiado para la misericordia se transforma en un don de Dios Amor. Se muestra, de este modo, ante el mundo como un verdadero nido de amor, casa de acogida, misericordia, escuela de madurez humana y lugar propicio para cultivar las virtudes cristianas en los hijos. Solo desde esta misericordia de Dios el hombre puede vivir. Él nunca se cansa de abrir la puerta de su Corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida.

«El papa, desde el principio de su ministerio petrino, nos ha invitado a transitar por caminos de misericordia, él que precisamente había elegido como lema del ministerio episcopal “Miserando atque eligendo”, inspirado en el pasaje evangélico de la vocación de Mateo (Mt 9, 9-13). En la exhortación programáticaEvangelii gaudium escribió: “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (n. 114). Ahora recuerda el dinamismo evangélico en el campo del matrimonio y la familia, ámbito fundamental de la acción pastoral de la Iglesia. El Evangelio brilla especialmente en las situaciones dolorosas que padecen tantas personas» [5].

La Virgen María nos enseña también esta misericordia de Dios. El entonces cardenal Bergoglio decía en una sus homilías: «En la mirada de la Virgen tenemos un regalo permanente. Es el regalo de la misericordia de Dios, que la miró pequeñita, y la hizo su Madre (…). La mirada de la Virgen nos enseña a mirar a los que naturalmente miramos menos, y que más necesitan: a los desamparados, los que están solos, los enfermos, los que no tienen con qué vivir, los chicos de la calle, los que no conocen a Jesús» [6].

Este Año Jubilar de la Misericordia se convierte para toda la Iglesia en un gran eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Que nunca nos cansemos de ofrecer misericordia y seamos siempre pacientes en el confortar y perdonar [7]. Que cada familia, como Iglesia doméstica, se haga voz de cada hombre y mujer y sea un hogar donde sanar las heridas del corazón. Así, la familia se convertirá en un gran gimnasio de entrenamiento para el don y el perdón recíproco, sin el cual ningún amor puede durar mucho [8].

✠ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Obispo de Bilbao
Presidente de la Subcomisión
para la Familia y Defensa de la Vida

✠ Francisco Gil Hellín
Arzobispo emérito de Burgos

✠ Juan Antonio Reig Plà
Obispo de Alcalá de Henares

✠ Gerardo Melgar Viciosa
Obispo de Osma-Soria

✠ José Mazuelos Pérez
Obispo de Jerez de la Frontera

✠ Carlos Manuel Escribano Subías
Obispo de Teruel y Albarracín

✠ Juan Antonio Aznárez Cobo
Obispo auxiliar de Pamplona y Tudela


[1] Cf. FRANCISCO, bula del Jubileo de la Misericordia Misericordiae vultus, n. 9.

[2] Cf. POLAINO-LORENTE, A., Identidad y diferencia: la construcción social de “género”, en BEGOÑA GARCÍA ZAPARA (et alii), Mujer y varón. ¿Misterio o autoconstrucción?, CEU/ Universidad Francisco de Vitoria/UCAM, Madrid 2008, pp, 114-129.

[3] JUAN PABLO II, Evangelium vitae, n. 11.

[4] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 16.

[5] RICARDO BLÁZQUEZ PÉREZ, Discurso inaugural CVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, EDICE, Madrid 2015, p. 12.

[6] PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, Papa Francisco y la familia., Enseñanzas de Jorge Mario Bergoglio-Papa Francisco acerca de la familia y de la vida 1999-2015, Libreria Editrice Vaticana, Vaticano 2015, pp. 74-75.

[7] Cf. FRANCISCO, bula del Jubileo de la Misericordia Misericordiae vultus, n. 25.

[8] Cf. FRANCISCO, «La familia, hogar del perdón y del amor» (Audiencia General, 4.XI.2015).

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: