Lanza de Dios BLOG

Inicio » discurso » Discurso del Santo Padre Francisco a los participantes en el Jubileo de los Grupos de Oración del Padre Pío

Discurso del Santo Padre Francisco a los participantes en el Jubileo de los Grupos de Oración del Padre Pío

Mapa de Visitas

Map

Recursos Adviento

“Respuestas para defender la Fe”

¿Que dice la Iglesia Católica sobre el New Age? Yoga, Reiki …

Jesucristo Portador del Agua de la Vida – La fe Cristiana sobre la Nueva Era

Una reflexión cristiana ante la “Nueva Era”

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 947 seguidores

Siguenos en Facebook

Siguenos en Twitter

Categorías

Familia

Testimonios

Carta Apostólica “Misericordia et Misera”

JUBILEO DE LA MISERICORDIA

TEXTOS, HOMILIAS Y DISCURSOS DEL PAPA FRANCISCO EN LA JMJ16

Exhortación apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor)

Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2016-2020

CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI’

Bula ‘Misericordiae Vultus’

Papa Francisco

POPULAR EN LA RED

Blogueros con el Papa

Blogueros con el Papa

Visitas al Blog

  • 258,931 Visitas

Aviso de Lanza de Dios Blog

Gran parte del contenido ha sido exclusivamente sacado de sitios públicos de Internet, por lo que este material es considerado de libre distribución. En ningún artículo legal se menciona la prohibición de material libre por lo que esta página no infringe en ningún caso la ley.Si alguien tiene alguna duda o problema al respecto, no dude en ponerse en contacto con nosotros.

fran06022016Plaza de San Pedro, Vaticano
Sábado 6 de febrero de 2016

Queridos hermanos y hermanas:

Os doy mi bienvenida – ¡veo que sois muchos! – y agradezco a Monseñor Castoro las palabras que me ha dirigido. Doy un saludo a todos vosotros que habéis venido de diferentes países y regiones, unidos por el afecto y el agradecimiento a San Pío de Pietrelcina. Le estáis muy agradecidos, ya que os ayudó a descubrir el tesoro de la vida, que es el amor de Dios, y a experimentar la belleza del perdón y  la misericordia del Señor. Y esta es una ciencia que debemos aprender todos los días, porque es la belleza: la belleza del perdón y de la misericordia del Señor.

Realmente podemos decir que el Padre Pío era un servidor de la misericordia. Lo fue a tiempo completo, la práctica, a veces hasta el agotamiento, “el ministerio de la escucha”.  Se convirtió, a través del ministerio de la confesión, en una caricia viviente de Padre,  que cura las heridas del pecado y conforta el corazón con la paz. San Pío no se cansó jamás de recibir a las personas y de escucharlas, de gastar tiempo y fuerzas para difundir el perfume de perdón del Señor. Podía hacerlo porque siempre estaba unido a la fuente: se saciaba continuamente de Jesús Crucificado, y así se convirtió en un canal de misericordia. Llevó en su corazón a tantas personas y tantos sufrimientos, uniendo todo al amor a Cristo que se ofreció «hasta el extremo» (Jn 13, 1). Vivió el gran misterio del dolor ofrecido por amor. De este modo, su pequeña gota ha llegado a ser un gran río de misericordia, que ha regado tantos corazones desiertos y ha creado oasis de vida en muchas partes del mundo.

Pienso en los grupos de oración, que San Pío definió como «viveros de fe, hogares de amor»; no solo centros de encuentro para estar bien con los amigos y consolarse un poco, sino hogares de amor divino. ¡Y estos son los grupos de oración! La oración, en efecto, es una verdadera y propia misión, que lleva el fuego del amor a toda la humanidad. El Padre Pío dijo que la oración es una «fuerza que mueve el mundo». La oración es una fuerza que mueve el mundo. Pero, ¿nosotros creemos en esto? Esa –agregó– «extiende la sonrisa y la bendición de Dios sobre toda languidez y debilidad» (II Encuentro Internacional de los grupos de oración, 5 de mayo de 1966).

La oración, entonces, no es una buena práctica para conseguir un poco de paz en el corazón; tampoco un medio devoto para obtener de Dios lo que nos sirve. Si fuera así, estaría movida por un sutil egoísmo: yo rezo para estar bien, como si tomara una aspirina. No, no es así. Yo rezo para obtener una cosa. Pero esto es hacer un negocio. No es así. La oración es otra cosa. Es otra cosa. La oración es, en realidad, una obra de misericordia espiritual, que quiere llevarlo todo al corazón de Dios. “Toma tú, que eres Padre”. Sería así, para hacerlo simple. La oración es decir: “Toma tú, que eres Padre, tú eres Padre. Míranos, Tú, que eres Padre”. Es esta la relación con el Padre. La oración es así. Es un don de fe y de amor, una intercesión tan necesaria como el pan. En una palabra, significarconfiar; es decir, confiar a la Iglesia, confiar a las personas, confiar las situaciones al Padre: “yo te encomiendo esto”, para que las cuide. Por ello, la oración, como amaba decir el Padre Pío, es «la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios». Una llave que abre el corazón de Dios: es una llave fácil. El corazón de Dios no está “blindado” con muchas medidas de seguridad. Tú puedes abrirlo con una llave común, con la oración. Porque tiene un corazón de amor, un corazón de padre. Es la fuerza más grande de la Iglesia, que nunca debemos dejar, porque la Iglesia da frutos si hace como la Virgen y los Apóstoles, que «perseveraban unánimes en la oración» (Hch 1, 14), cuando esperaban el Espíritu Santo. Perseverantes y firmes en la oración. De lo contrario, se corre el riesgo de apoyarse donde sea: en los medios, el dinero, el poder; y luego la evangelización desvanece y la alegría se apaga y el corazón se hace aburrido. ¿Vosotros queréis tener un corazón aburrido? ¿No? ¿Queréis tener un corazón gozoso? ¡Sí! Rezad: ésta es la receta.

Mientras os agradezco vuestro empeño, os animo a que los grupos de oración sean “centrales de misericordia”: centrales siempre abiertas y activas, que con el poder humilde de la oración provean al mundo la luz de Dios y la energía del amor a la Iglesia. El Padre Pío, que se definía sólo «un pobre fraile que reza», escribió que la oración es «el más alto apostolado que un alma pueda ejercer en la Iglesia de Dios» (Epistolario II, 70). ¡Sed siempre apóstoles gozosos de la oración! La oración hace milagros. El Apostolado de la oración hace milagros.

Junto a la obra de misericordia espiritual de los grupos de oración, San Pío quiso una extraordinaria obra de misericordia corporal: la “Casa Alivio del Sufrimiento”, inaugurada hace  sesenta años. Él deseo que no fuera sólo un hospital excelente, sino un «templo de ciencia y de oración». En efecto, «los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial» (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 31). Es tan importante esto: curar la enfermedad pero, sobre todo, cuidar al enfermo. Son dos cosas diferentes, y las dos importantes. Curar la enfermedad, pero también cuidar al enfermo. Puede suceder que, mientras se sanan las heridas del cuerpo, se agraven las heridas del alma, que son más lentas y, con frecuencia, más difíciles de sanar. También los moribundos, a veces aparentemente inconscientes, participan en la oración hecha con fe cerca de ellos, y se encomiendan a Dios, a su misericordia. Yo recuerdo la muerte de un amigo sacerdote. Era un apóstol, un hombre de Dios. Pero, llevaba en coma desde hacía tiempo. No era razonable ese coma. Los médicos decían: “no se sabe cómo hace para respirar”. Y entró otro amigo sacerdote. Se acercó a él y le dijo, él escuchaba: “déjate llevar por el Señor. Déjate llevar. Ten confianza, confía en el Señor”. Y con estas palabras, él se fue en paz. Tanta gente tiene necesidad, tantos enfermos que se pelean por palabras de dulzura, que dan fuerza para llevar adelante la enfermedad o ir al encuentro con el Señor: tienen necesidad de ser ayudados en confiar en el Señor. Os estoy muy agradecido, a vosotros y a cuantos sirven a los enfermos con competencia, amor y fe viva. Pidamos la gracia de reconocer la presencia de Cristo en las personas enfermas y en quienes sufren; como repetía Padre Pío: «el enfermo es Jesús». El enfermo es Jesús. Es la carne de Cristo.

También deseo dirigir un saludo especial a los fieles de la archidiócesis de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo. San Juan Pablo II dijo que «quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su Misa, para pedirle consejo o confesarse con Padre Pío, descubría en él una imagen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del padre Pío resplandecía la luz de la resurrección» (Homilía de la beatificación de P. Pío de Pietrelcina, 2 de mayo 1999:Insegnamenti XXII, 1 [1999], 862). ¡Que quien vaya a vuestra hermosa tierra –yo quiero ir- encuentre también en vosotros la luz del Cielo! Os agradezco y os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.


Traducción de Iglesiaactualidad a partir del texto distribuido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Citas bíblicas de Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: