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Testimonios al Santo Padre de los jóvenes de México

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Martes 16 de febrero de 2016

La familia que queremos

Querido Papa Francisco:

Reciba en primer lugar un fuerte y cariñoso abrazo de todos los jóvenes mexicanos. Somos portadores de un sencillo mensaje. Su visita representa para nosotros un signo de aliento y luz para el caminar de nuestro pueblo mexicano, necesitamos de su palabra.

Santo Padre, para nosotros jóvenes mexicanos la familia tiene aún gran trascendencia pues es el signo más directo y palpable del amor, la cercanía, la solidaridad, es la escuela para la vida, en ella aprendemos costumbres, hábitos, ideas que nos van formado y van construyendo nuestra personalidad, aprendemos a distinguir lo bueno y lo malo, a compartir las alegrías y también los momentos difíciles, a resolver los problemas, siempre sintiéndonos parte de una comunidad.

Sin embargo, nos duelen profundamente tantas realidades que hoy afectan a nuestras familias. Nos duele ver cómo para muchos es más importante las cosas materiales que la persona misma; la palabra amor cuesta trabajo pronunciarse, se ofrecen cosas pero falta el abrazo que brinda apapacho y seguridad, el regaño que implica preocupación, el trabajo común que genera respeto y admiración, el compartir sueños que genera identidad y pertenencia… ¿Cómo recuperar el sentido verdadero de la familia? ¿Cómo ir venciendo los paradigmas de un sistema que nos envuelve?

Papa Francisco hoy los jóvenes mexicanos vivimos realidades que son verdaderamente encrucijadas: Una mala educación sexual, la influencia de los medios de comunicación, una profunda carencia afectiva, miedo al compromiso con la otra persona ¿Cómo favorecer que los jóvenes valoremos nuestra persona? ¿Cómo recuperar el sueño de formar una familia?
Los jóvenes mexicanos soñamos con tener una familia, sí… queremos seguir soñando y confiamos en que con familias viviendo el amor podremos generar una sociedad misericordiosa.

La paz que añoramos

Santo Padre:

Estamos muy contentos de que esté entre nosotros como mensajero de paz y de reconciliación. Soy uno de los más de 30 millones de jóvenes que en este país queremos vivir en paz. Muchos estudiamos con el afán de hacer posible el desarrollo. Otros trabajamos de manera honesta para colaborar con el sustento de nuestras familias. Provenimos de múltiples tradiciones culturales, pero todos queremos ser portadores de vida y de reconciliación. Intentamos que la sociedad nos mire, y aproveche el potencial que tenemos en la mente, en el corazón y en nuestras manos para crear una cultura de igualdad y de respeto. En las parroquias formamos comunidades creyentes que revitalizan la evangelización, gozamos de la celebración de la fe, escuchamos el grito de nuestros hermanos y convertimos nuestro corazón hacia ellos para vivir el amor que nos mandó Jesucristo y gozar de la paz que nos donó para hacer posible el perdón y la fraternidad.

Santo Padre, me duele compartir con Usted que en diferentes puntos de país faltan oportunidades de preparación profesional y de trabajo. Algunos jóvenes somos atrapados por la desesperación y nos dejamos llevar por la avaricia, la corrupción y las promesas de una vida intensa y fácil, pero al margen de la legalidad. Aumentan entre nosotros las víctimas del narcotráfico, la violencia, de las adicciones y la explotación de personas. Muchas familias sólo han podido llorar la pérdida de sus hijos, porque la impunidad ha dado alas a quienes secuestran, estafan y matan. En medio de todo esto la paz es un don que seguimos anhelando. Santo Padre, queremos ser constructores de la paz ¿cómo lograrlo? Deseamos que nuestros seres queridos no sean afectados por la violencia ¿Cuál sería el camino? Como católicos queremos recibir la paz de Cristo y ser sus mensajeros como Usted ¿Cómo lograrlo en nuestras parroquias? Le agradezco su presencia, su palabra y su consuelo.

El Compromiso que asumimos

Papa Francisco:

Su presencia nos impulsa a emprender una vida de más compromiso. Son muchos los fenómenos que nos envuelven y condicionan a los jóvenes de México. Tenemos cosas favorables, pero también otras, nada favorables. Hay realidades que nos condicionan más allá de nuestra voluntad, pero igual hay otras que, si nos aplicamos, pueden ser diferentes.
Santo Padre nos alegra que hoy muchos más jóvenes podemos aspirar a una carrera profesional; pero a la vez nos desanima que el país no nos da la misma oportunidad para luego realizarnos en el ejercicio de una profesión. Nos lástima la violencia, debido a la cual muchos de nosotros hemos sido lastimados o lastimadas, de uno u otro modo. Cada día crece el acceso a las redes de nuevas tecnologías de comunicación, sin embargo, reconocemos que en el afán de entrar en este mundo nuevo hemos perdido el encanto de ver, escuchar y disfrutar de la presencia del que está a nuestro lado o del que quiere caminar con nosotros; y todavía peor, descuidamos al que necesita ser escuchado. Permitimos que muchos se alejen y se pierdan por no saber estar con ellos.

Santo Padre, cada día crece más la sensación de inconformidad por el momento que estamos viviendo en México, pero también es urgente que entendamos que gran parte de la solución está en nuestras manos. Por eso hoy los jóvenes queremos comprometernos: Primero, a vencer la tibieza y los conformismos. Segundo, a vencer los miedos, que nos acobardan y nos impiden enfrentar la vida. Y, finalmente nos comprometemos a pensar más allá de nuestras circunstancias individuales. Sólo así podemos ser jóvenes en salida, como usted lo pide. Papa Francisco, Usted nos ha enseñado que ni la tibieza, ni los miedos, ni el individualismo, son acordes al evangelio. Y nosotros queremos ser jóvenes con espíritu evangélico. Ruegue por México, ruegue por nosotros.

La Esperanza que necesitamos

Querido Santo Padre:

Finalmente quiero decir algo que, estoy segura, está en el corazón de todos los jóvenes mexicanos y también de todos los jóvenes latinoamericanos.

Muchas veces, como jóvenes mexicanos hemos escuchado: “Ustedes son la Esperanza para un futuro mejor”, “Ustedes son portadores y peregrinos de esperanza”, nos han dicho “jóvenes, la Iglesia los ve con esperanza, porque representan un enorme potencial para el presente y el futuro de la evangelización”. Sin embargo, también en nuestro corazón constantemente surge una pregunta ¿Y quién nos da esperanza a nosotros? ¿De dónde agarrarnos para tener esperanza?

La respuesta nos viene como de golpe inmediatamente a nuestra mente y nuestro corazón: ¡Cristo Jesús!, ¡Sólo el Señor Jesús es fuente verdadera de Esperanza!; Él es nuestro Amigo, nuestro hermano, Él es el Dios con nosotros, Él es nuestro Camino, Él es la Verdad, Él es la Vida Plena… solo en Él podemos tener verdadera Esperanza.

Querido Papa Francisco, tú eres en verdad un ¡Amigo cercano!, eres nuestro ¡Padre y Pastor!, eres el ¡Hermano mayor!; ¡Eres nuestro, pues eres Latinoamericano y conoces muy bien el corazón de los jóvenes latinoamericanos! sabes que hay muchas cosas que no se pueden decir con palabras… En ti vemos el Rostro de Cristo, el Cristo cercano a los pobres, a los más necesitados. Hoy los Jóvenes de México vemos en ti el rostro de la Esperanza que necesitamos… hoy nosotros te necesitamos a ti, tú eres la esperanza que nos anima, en ti vemos la Iglesia en la que si creemos. Santo Padre hoy México necesita creer, necesitamos confiar, por favor, ¡fortalécenos en nuestra esperanza! ¡te amamos! ¡No cambies! Eres el reflejo de la Alegría del Evangelio. Gracias por estar aquí.

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