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Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia

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ejercicios_espirituales_bendicion_eucaristica_adoracion_311 de marzo de 2016.-
 El amor de Dios por el hombre enciende el corazón y abre los ojos. Esta es la idea principal de la novena meditación del padre Ermes Ronchi, predicador de los ejercicios espirituales al papa Francisco y a la Curia Romana. Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia; debemos volver a enamorarnos.

Entre Pascua y Pentecostés, Jesús se manifestó de nuevo a los discípulos en el lago de Tiberíades en un noche “sin estrellas”, “amarga”, hasta “el alba”. Y así, la meditación partió de esta escena, con la pregunta de amor dirigida tres veces por el Señor para acercarse cada vez más a Simón. El padre Rochi subrayó el dinamismo del amor de Dios por el hombre, que transforma todo y lleva a la santidad.

“La santidad no consiste en la ausencia de pecados, en un campo sin malas hierbas, sino que está en una pasión renovada, está en el renovar ahora mi pasión por Cristo y por el Evangelio. Ahora”, indicó. Al mismo tiempo explicó que el amor de Dios enciende de nuevo “los corazones”, “la pasión”. La santidad –añadió– no es una pasión apagada, sino una pasión convertida. Cuando hay amor no te puedes equivocar, es evidente, indiscutible. Y Dios que “ama al hombre” que “colma las pobrezas”, no busca en él “la perfección” sino “la autenticidad”.

El predicador recordó a los presentes que “no estamos en el mundo para ser inmaculados, sino para encaminarnos”. Asimismo, aseguró que Jesús es mendicante de amor, mendicante sin pretensiones, que conoce la pobreza de cada uno. La fe –precisó– tiene tres pasos: necesito, me fío, encomiendo.

El padre Ronchi observó que “creer es necesitar amor, fiarse y fundarse sobre esto, como forma de Dios, como forma del hombre, como forma del mundo, del futuro, del vivir. Fiarse es fundar la vida sobre esta hipótesis: que más amor está bien, menos amor está mal”. En contraste con lo que el mundo proclama: más dinero está bien, menos dinero está mal. “Pero cada creyente es un creyente en el amor: es decir un reanimador de uniones, un despertador de uniones, que ayuda a los hombres a encontrar de nuevo confianza en el amor. Nosotros hemos creído en el Amor”, explicó el predicador.

También indicó que “creer es tener una historia con Dios”, “caminar en el amor con una persona”, y la salvación está en la certeza de que es Él a quien “amar”.

Al respecto, el padre Ronchi explicó que la crisis de fe hoy en el mundo de Occidente comienza precisamente así, con la crisis del acto humano de creer. “Porque no se cree en el amor”.

El predicador concluyó su meditación asegurando que “lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia que es savia vital que alimenta todo mal, la savia secreta del pecado. La indiferencia por la que el otro no existe para tí, no cuenta, no vale, no es nada”.

Por eso, exhortó a volver a “enamorarnos”. Amar a Dios “con todo nuestro ser, cuerpo y alma”. Deja de amar como sometido, deja de amar como esclavo. “Se debe volver a amar a Dios como enamorados. Entonces sí que la vida y la fe se llenan de sonrisas”.

(ZENIT)

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