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Concelebración eucarística del Santo Padre con los cardenales en el día de su 80 cumpleaños

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fran17122016

17 de diciembre de 2016.- A las 8.00 horas de esta mañana, en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco ha presidido una concelebración eucarística con los cardenales, en el día de su 80 cumpleaños.

Ofrecemos a continuación la homilía pronunciada por el Papa tras la proclamación del Evangelio:

Homilía del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

En le momento en el que la espara vigilante se hace más intensa en el camino del Adviento; en este momento en el que la Iglesia, hoy, comienza a rezar con las grandes antífonas, momento fuerte en el que nos acercamos a la Navidad, la Liturgia nos hace detenernos un poco. Dice “Detengámonos”, y nos hace leer este pasaje del Evangelio. ¿Qué significa este detenerse en un momento que va aumentando en intensidad? Simplemente, la Iglesia quiere que hagamos memoria: “Detente, y haz memoria. Mira hacia atrás, mira a el camino”. La memoria: se deuteronómica esta actitud la que le da al alma tanta fuerza. La memoria que la misma Escritura señala como modo de rezar, de encontrarse con Dios.

«Acordaos de vuestros guías», nos dice el autor de la Carta a los Hebreos (13,7). «Recordad aquellos días primeros…» (Heb 10,32): los mismo. Y después, en la misma
ese grupo de testigos, en el capítulo XI, que han hecho camino para llegar a la plenitud de los tiempo: “Haz memoria, mira hacia atrás con el fin de avanzar mejor”. Este es el significado de la jornada litúrgica de hoy: la gracia de la memoria. Es necesario pedir esta gracia: no olvidar.

Es propio del amor no olvidar; es propio del amor tener siempre ante nuestros ojos el bien que hemos recibido; es propio del amor mirar a la historia: de dónde venimos, nuestros padres, nuestros antepasados, el camino de la fe… Y esta memoria nos hace bien porque intensifica todavía más la espera de la Navidad. Un día tranquilo. La memoria que se refleja al comienzo de la elección del pueblo: «Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán» (Mt 1,1). El pueblo elegido, que camina hacia una promesa con la fuerza de la alianza, de las alianzas sucesivas que va estableciendo. Así es el camino de los cristianos, nuestro camino, se simplifica. Se nos hizo una promesa, se nos dijo: anda delante de mí y sé perfecto como nuestro Padre. Una promesa que será plena al final, pero que se consolida con cada pacto que hacemos con el Señor, alianza de fidelidad y nos muestra que no somos nosotros los que  elegimos: nos hace darnos cuenta de que todos hemos sido elegidos. La elección, la promesa y la alianza son como pilares de la memoria cristiana, este mirar hacia atrás para ir hacia adelante.

Esta es la gracia de hoy: hacer memoria. Y cundo escuchamos este pasaje del Evangelio, que es una historia, una historia de gracia, tan grande; pero también una historia de pecado. En el camino siempre encontramos la gracia y el pecado. Aquí, en la historia de la salvación, en esta genealogía (cfr Mt 1,1-17),  hay grandes pecadores, y hay santos. Y también nosotros, en nuestras vidas, nos encontraremos con lo mismo: momentos de gran fidelidad al Señor, de alegría en el servicio, y algunos malos momentos de infidelidad, de pecado que nos hacen sentir la necesidad de salvación. Y esta es también nuestra seguridad, porque cuando necesitamos la salvación, confesamos la fe: “Soy un pecador, pero Tú me puede salvar, Tú me llevas hacia adelante”. Y así se continua con la la alegría de la esperanza.

Hemos empezado a recorrer este camino en Adviento , esperando vigilantes al Señor. Hoy nos detenemos,  vemos que el camino ha sido  bueno,  que el Señor no nos ha defraudado, que el Señor es fiel. También vemos que tanto en  la historia, como en nuestra vida ha  habido momentos maravillosos de fidelidad y malos momentos  de pecado. Pero el Señor está allí, con la mano extendida para levantarte y te dirá: “Adelante”. Y esta es la vida cristiana: ir hacia adelante, hacia el encuentro definitivo. Este camino tan intenso, a la espera vigilante de que venga  el Señor, de que nunca nos quite la gracia de la memoria, de mirar hacia atrás para ver todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, por la Iglesia, en la historia de la salvación.

Que el Señor nos ayude a descubrir esta gracia de la memoria. “Pero es difícil, aburrido, hay tantos problemas…”. El autor de la Carta a los Hebreos tiene una hermosa frase a nuestras quejas, hermosa: “No te preocupes, todavía no has llegado a derramar la sangre” (cfr 12,4). Un poco de humor, por parte de ese autor inspirado, para ayudarnos a seguir adelante. Que el Señor nos de esta gracia.

Palabras al finalizar la Santa Misa

Me gustaría agradeceros por esta concelebración, por este acompañamiento en este día: ¡muchas gracias! Y a usted, Eminencia, Cardenal decano, por sus palabras tan sentidas: ¡muchas gracias!

Desde hace unos días me viene en mente una palabra que parece fea: vejez. Por lo menos asusta… Ayer monseñor Cavaliere me regaló el De senectute de Cicerón – una gota más.. Me acuerdo de lo que os dije el 15 de marzo de 2013, cuando nos encontramos por primera vez: “La vejez es sede de sabiduría”. Esperemos que lo sea para mí también.

También me viene en mente -como ha llegado tan pronto, tan pronto- ese poema… creo que es de Plinio: «Tacito pede lapsa vetustas» [Ovidio]: Con paso silencioso se te viene encima la vejez. ¡Vaya golpe! Pero cuando uno piensa en ella como una etapa de la vida que sirve para dar alegría, sabiduría, esperanza, se recomienza a vivir. Y me viene en mente otra poesía que os cité aquel día: «La vejez es tranquila y religiosa» – «Es ist ruhig, das Alter, und fromm» [Hölderlin].

Rezad para que la mía sea así: tranquila, religiosa, fecunda. Y también alegre, gracias.

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1 comentario

  1. […] a través de Concelebración eucarística del Santo Padre con los cardenales en el día de su 80 cumpleaños — … […]

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