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Catequesis de los Miércoles. Audiencia general. Esperar es la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera

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21 de diciembre de 2016.- La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 9.45 horas en el aula Pablo VI donde el Santo Padre Francisco se ha reunido con grupos de peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todas las partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando el nuevo ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, ha centrado su meditación en el tema “El Nacimiento de Jesús, fuente de la esperanza” (cfr Lc 2, 9A.11-14.16).

Tras resumir su catequesis en distintos idiomas, el Santo Padre ha dirigido algunos saludos espaciales a los grupos de fieles presentes. Después ha dirigido un llamamiento en favor del proceso de pacificación y de la reconciliación en la República Democrática del Congo.

La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Iniciamos hace poco un camino de catequesis sobre el tema de la esperanza, muy apropiado para el tiempo de Adviento. Un guía nos ha sido hasta ahora el profeta Isaías. Hoy, pocos días antes de Navidad, me gustaría centrarme más específicamente en el momento en el que, por así decirlo, la esperanza entra en el mundo, con la encarnación del Hijo de Dios. El mismo Isaías había predicho el nacimiento del Mesías en algunos pasos: «Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel» (7,14); y también «Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago» (11,1). En estos pasajes se refleja el significado de la Natividad: Dios cumple la promesa haciéndose hombre; no abandona su pueblo, se acerca hasta despojarse de su divinidad. De esta manera, Dios muestra su fidelidad e inaugura un Reino nuevo, que da una nueva esperanza a la humanidad. Y, ¿cuál es esta esperanza? La vida eterna.

Cuando se habla de esperanza, a menudo nos referimos a lo que no está en nuestro poder  y tampoco es visible. De hecho, lo que esperamos va más allá de nuestras fuerzas y de nuestra mirada. Pero el Nacimiento de Cristo, marcando el comienzo de la redención, nos habla de una esperanza diferente, de una esperanza fiable, visible y comprensible, porque se funda en Dios. Él entra en el mundo y nos da la fuerza para caminar con Él: Dios camina con nosotros en Jesús y caminar con Él hacia la plenitud de la vida nos da fuerzas para estar de forma nueva en el presente, aunque sea difícil. Esperar para el cristiano significa, pues,  la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza nunca está quieta, la esperanza siempre está en camino y hace que caminemos. Esta esperanza, que nos da el Niño de Belén nos da, nos ofrece una meta, un buen destino al presente, la salvación de la humanidad, la dicha de aquellos que confían en la misericordia de Dios. San Pablo resume todo esto con la expresión: «Hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Es decir, caminando en este mundo, con esperanza, estamos salvados. Y aquí podemos preguntarnos cada uno: ¿Yo camino con esperanza o mi vida interior está cerrada, detenida? Mi corazón, ¿es un cajón cerrado o un cajón abierto a la esperanza que no me hace andar solo sino con Jesús?

En los hogares de los cristianos, durante el tiempo de Adviento, se prepara el pesebre, según la tradición que se remonta a San Francisco de Asís. En su sencillez, el pesebre transmite una atmósfera de esperanza; en la que están envueltos todos sus personajes.

Empecemos por el lugar en el que nace Jesús: Belén. Una aldea de Judea donde mil años antes había nacido David, el pastorcillo elegido por Dios como rey de Israel. Belén no es una capital, y por lo tanto es preferida por la providencia divina, que ama actuar a través de los pequeños  y los humildes. Alli nace el “hijo de David” tan esperado, Jesús, en quien la esperanza de Dios y la esperanza del hombre se encuentran.

Después miramos a María, Madre de la esperanza. Con su “sí” abrió a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, toda animada de fe; por eso Dios la eligió y ella creyó en su palabra. La  que durante nueve meses fue el arca de la Alianza nueva y eterna, en la gruta contempla al Niño y ve en Él el amor de Dios, que viene a salvar a su pueblo y toda la humanidad. Junto a  María está José, descendiente de Gesé y de David; también él creyó en las palabras del ángel, y mirando a Jesús medita sobre ese  Niño que viene del Espíritu Santo, y que Dios mismo pidió que se llamase así: “Jesús”. En ese nombre está la esperanza para todos los hombres, porque a través de ese hijo de mujer, Dios salvará a la humanidad de la muerte y del pecado. ¡Por eso es importante contemplar el belén!

Y en el pesebre están también los pastores, que representan a los humildes y a los pobres que esperaban al Mesías, al «consuelode Israel» (Lc 2,25) y la «liberación de Jerusalén» (Lc 2,38). En ese Niño ven la realización de las promesas y esperan que la salvación de Dios llegue finalmente a cada uno de ellos. Los que confían en su propias seguridades, especialmente en las materiales, no esperan la salvación de Dios. Tenemos que meternos esto en la cabeza: nuestras seguridades no nos salvarán; la única seguridad que nos salva es la de la esperanza en Dios. Nos salva porque es fuerte y nos hace caminar por la vida con alegría, con ganas de hacer el bien, con ganas de ser felices por la eternidad. Los pequeños, los pastores, en cambio confían en Dios, esperan en él y se alegran cuando reconocen en ese Niño el signo indicado por los ángeles (cfr Lc 2,12).

Y el coro de los ángeles anuncia desde las alturas el gran designio que ese Niño cumple: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor» (Lc 2,14). La esperanza cristiana se expresa en la alabanza y en la  acción de gracias a Dios, que ha inaugurado su reino de amor, de justicia y de paz.

Queridos hermanos y hermanas, en estos días, cuando contemplemos el pesebre, nos  preparamos para la Navidad del Señor. Será verdaderamente una fiesta si acogemos a Jesús, semilla de esperanza que Dios pone en los surcos de nuestra historia personal y comunitaria. Cada “sí” a Jesús que viene es un germen de esperanza.Confiemos en este germen de esperanza, en este sí: “Sí, Jesús, tu puedes salvarme ¡Feliz Navidad y esperanza a todos!” ¡Feliz Navidad de esperanza a todos!

Síntesis de la catequesis y saludo en español

En las catequesis de los miércoles estamos reflexionando sobre el tema de la esperanza. Hoy, a pocos días de la Navidad, contemplamos la Encarnación del Hijo de Dios, que marca el momento concreto en que la esperanza entró en el mundo. Dios se despoja de su divinidad y se acerca a su pueblo, manifestando su fidelidad y ofreciendo a la humanidad la vida eterna.

El nacimiento de Jesús, nos trae una esperanza segura, una esperanza visible y evidente, que tiene su fundamento en Dios mismo. Jesús, entrando en el mundo, nos da fuerza para caminar con él hacia la plenitud de la vida y vivir el presente de un modo nuevo.

El pesebre que preparamos en nuestras casas nos habla de este gran misterio de esperanza. Dios elige nacer en Belén,que es un pueblito insignificante. Allí, en la pobreza de una gruta, María, Madre de la esperanza, da a luz al Redentor. Junto a ella está José, el hombre justo que confía en la palabra del Señor; los pastores, que representan a los pobres y sencillos, que esperan en el cumplimiento de las promesas de Dios, y también los ángeles cantando la gloria del Señor y la salvación que se realiza en este Niño. Dios siempre escoge lo pequeño, lo que no cuenta, para enseñarnos la grandeza de su humildad.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Que por intercesión de la Virgen y de san José, la contemplación del misterio de la Navidad nos ayude a recibir a Jesús en nuestra vida, y podamos ser humildes colaboradores en la venida de su Reino, Reino de amor, de justicia y de paz. Feliz Navidad, llena de esperanza para todos.

* * *

Invito a todos a la oración y al compromiso en las obras de misericordia para que la Navidad sea un encuentro personal con el Señor y suscite en nosotros propósitos de bien y de solidaridad.

Un saludo especial dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Queridos jóvenes, preparad al misterio de la Encarnación con la obediencia de fe y la humildad que fueron de María. Vosotros, queridos enfermos, tomad de la Virgen la fuerza y el ardor por Jesús que viene entre nosotros. Y vosotros, queridos recién casados, contemplad el misterio de la Sagrada Familia de Nazaret, para practicar las mismas virtudes en vuestro camino de vida familiar.

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