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Audiencia general: Judit, el valor de una mujer da esperanza al pueblo

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25 de enero de 2017.– La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 9.45 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre Francisco se ha reunido con grupos de peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todas las partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando con el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, ha centrado su meditación en el tema: Judit: el coraje de una mujer da esperanza al pueblo.

Tras haber resumido su catequesis en distintos idiomas, el Santo Padre ha dirigido saludos particulares a los grupos de fieles presentes.

La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanos, buenos días.

Entre las figuras de mujeres  que el Antiguo Testamento nos presenta, resalta de la una gran heroína del pueblo: Judit. El libro bíblico que lleva su nombre narra la grandiosa campaña militar del rey Nabucodonosor, el cual, reinando en Nínive, amplía el imperio derrotando y esclavizando a todos los pueblos de alrededor. El lector entiende que se encuentra ante un grande, invencible enemigo que está sembrando muerte y destrucción y que llega hasta la Tierra Prometida, poniendo en peligro la vida de los hijos de Israel.

El ejército de Nabucodonosor, de hecho, bajo la guía del general Holofernes, sitió una ciudad de Judea, Betulia, cortando el suministro de agua y socavando la resistencia de la población.

La situación se hace dramática, hasta el punto de que los habitantes de la ciudad recurren a los ancianos para pedir una rendición al enemigo. Sus palabras son desesperadas: «Ahora no contamos con nadie que nos ayude. Dios nos ha puesto en sus manos, para que, totalmente exhaustos, muramos de sed. Llamadlos: que el ejército de Holofernes y toda su gente saqueen la ciudad» (Jdt 7,25-26). El fin parece inevitable, la capacidad de confiar en Dios se ha agotado. Y cuántas veces llegamos a situaciones límite donde no sentimos ni siquiera la capacidad de confiar en el Señor. ¡Es una mala tentación! Y, paradójicamente, parece que, para escapar de la muerte, no se puede hacer nada más que entregarse al asesino. Saben que los soldados entrarán para saquear la ciudad, tomar a las mujeres como esclavas y matar después a todos los demás. Este es “el límite”.

Y ante tanta  desesperación, el jefe del pueblo intenta aferrarse a una esperanza: resistir cinco días más, a la espera de la intervención salvadora de Dios. Pero es una esperanza débil, que le lleva a decir: «Pero si pasan esos días sin que recibamos ayuda, entonces haré lo que deseáis» (7,31). Pobre hombre: no tenía otra salida. Cinco días les son concedidos a Dios -y aquí está el pecado-; cinco días para que intervenga; cinco días de espera, pero ya con la perspectiva del fin. Conceden cinco días a Dios para salvarlos, pero saben que no tienen confianza, esperan lo peor. En realidad, ninguno más, entre el pueblo, es todavía capaz de esperar. Estaban desesperados.

Y ante esa situación aparece en escena Judit. Viuda, mujer de gran belleza y sabiduría, ella habla al pueblo con el lenguaje de la fe. Valiente, reprocha al pueblo cara a cara diciendo: «Habéis puesto a prueba al Señor todopoderoso […]. Hermanos, no irritéis al Señor, nuestro Dios. Si no quiere ayudarnos en el plazo de cinco días, puede hacerlo cuando quiera, como si quiere destruirnos ante nuestros enemigos. […] Imploremos, pues, su ayuda y esperemos de él la salvación, y escuchará nuestro clamor si lo tiene a bien» (8,13.14-15.17). Es el lenguaje de la esperanza. Llamemos a la puerta del corazón de Dios; Él es Padre, puede salvarnos. ¡Esta mujer, viuda, corre el peligro de ponerse en ridículo ante los demás! Pero, ¡es valiente! ¡Sale adelante! Y esta es una opinión mía: las mujeres son más valientes que los hombres.

Y con la fuerza de un profeta, Judit llama a los hombres de su pueblo para que vuelvan a confiar en Dios; con la mirada de un profeta, que ve más allá del horizonte estrecho propuesto por los líderes y que el miedo hace que sea aún más limitado. Dios actuará con seguridad -afirma ella-, mientras que la propuesta de los cinco días de espera es una manera de tentarlo y de escapar de su voluntad. El Señor es el Dios de la salvación, –y ella está convencida-, sea cual sea la forma que adopte. La salvación es liberar de los enemigos y hacer vivir, pero, en sus planes impenetrables, la salvación puede ser también  la entrega a la muerte. Mujer de fe, ella lo sabe. Sabemos como terminó las historia: Dios salva.

Queridos hermanos y hermanas, nunca pongamos condiciones a Dios y dejemos en cambio que la esperanza venza nuestros temores. Confiar en Dios significa entrar en sus diseños sin pretender nada, aceptando incluso que su salvación y su ayuda nos lleguen de una forma diferente de nuestras expectativas. Pedimos al Señor  vida, salud, afecto, felicidad; y es justo hacerlo, pero conscientes  de que Dios es capaz de hacer brotar la vida incluso de la muerte, de que se puede experimentar la paz, incluso en la enfermedad, y de que puede haber  serenidad también en la soledad y  felicidad en medio de las  lágrimas. No somos nosotros  quienes pueden enseñar a Dios lo que tiene que hacer, lo que necesitamos. Lo sabe mejor que nosotros, y tenemos que fiarnos, porque sus caminos y sus pensamientos son diferentes a los nuestros.

El camino que Judit nos indica es el de la confianza, el de la espera en la paz, la oración y la obediencia. Es el camino de la esperanza. Sin resignaciones fáciles, haciendo todo lo posible, pero permaneciendo siempre en el surco de la voluntad del Señor, porque -lo sabemos- rezó tanto, habló tanto al pueblo y después, con coraje, se fue, buscó la manera de acercarse al jefe del ejército y consiguió cortarle la cabeza, degollarlo. Es valiente en la fe y en las obras. ¡Y busca siempre al Señor! De hecho, tiene un  plan que lleva a cabo con éxito y consigue la victoria para su gente, pero siempre en la actitud de fe de los que aceptan todo de la mano de Dios, segura de su bondad.

Así, una mujer llena de fe y valor da nueva fuerza a su pueblo en peligro de muerte y le lleva por el camino de la esperanza, que también nos indica a nosotros. Y, si pensamos un poco, cuantas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes, de personas humildes, de mujeres humildes de las que uno piensa –sin despreciarlas- que sean ignorantes…Pero son palabras de la sabiduría de Dios…Las palabras de las abuelas , que tantas veces dicen las palabras justas, las palabras de esperanza, porque tienen experiencia de vida, han sufrido tanto, se han confiado a Dios y el Señor  otorga el don de brindarnos el consejo de la esperanza. Y yendo por esos caminos, dará luz y  alegría pascual confiar en el Señor con las palabras de Jesús: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22:42). Y esta es la oración de la sabiduría, de la confianza y de la esperanza.

Síntesis de la catequesis y saludo en español

Queridos hermanos y hermanas:

El personaje bíblico de Judit nos muestra a una mujer llena de fe y de valor, capaz de orientar a los hombres y mujeres de su tiempo, que se enfrentaban a una situación límite y desesperada, hacia la verdadera esperanza en Dios.

Ella nos enseña que, ante las situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios, y nos invita a recorrerlo con paz, oración y obediencia, haciendo también todo lo que esté en nuestra mano para superar estas situaciones, pero reconociendo siempre y en todo la voluntad del Señor.

Como ella, tenemos que mirar más allá de las cosas del aquí y el ahora, y descubrir que Dios es un Padre bueno que sabe todo lo que nos hace falta mejor que nosotros mismos. Nosotros podemos pedirle todo lo que necesitemos, pero siempre con la humildad necesaria para reconocer su voluntad y entrar en sus designios, aunque a veces no coincidan con los nuestros, pues él es el único que con su amor puede sacar vida incluso de la misma muerte, conceder paz en la enfermedad, serenidad en la soledad y el consuelo en el llanto.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Hoy celebramos la fiesta de la Conversión de san Pablo y se concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los invito a todos a que, conscientes de que el amor de Cristo nos apremia, no dejen nunca de rezar para que los cristianos trabajemos, con respeto fraterno y caridad activa, por llegar a la tan deseada unidad. Que Dios los Bendiga.

* * *

Un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Hoy celebramos la fiesta de la Conversión de San Pablo. Queridos jóvenes, la figura de Pablo sea para vosotros  un modelo de discipulado misionero. Queridos enfermos, ofreced vuestros sufrimientos por la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo. Y vosotros, queridos recién casados, inspiraos en el ejemplo del Apóstol de las gentes, reconociendo  la primacía de Dios y de su amor en vuestra vida familiar

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1 comentario

  1. […] a través de Audiencia general: Judit, el valor de una mujer da esperanza al pueblo — Lanza de Dios BLOG […]

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