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Catequesis de los Miércoles. Audiencia general: Esperanza y salvación

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francisco_audiencia22 de febrero de 2017.- La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 9.30 horas en la Plaza de San Pedro, donde el Santo Padre Francisco se ha reunido con grupos de peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todas las partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando con el ciclo de catequesis sobre el esperanza cristiana, ha centrado su meditación en el tema: “En la esperanza nos reconocemos todos salvados” (cfr Rom 8,19-27).

Tras haber resumido su catequesis en distintos idiomas, el Santo Padre ha dirigido saludos particulares a los grupos de fieles presentes. Después  ha dirigido un llamamiento ante la grave situación en Sudán del Sur.

La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Muchas veces estamos tentados en pensar que la creación sea nuestra propiedad, una posesión que podemos explotar a nuestro agrado y del cual no debemos dar cuenta a nadie. En el pasaje de la Carta a los Romanos (8,19-27) que acabamos de escuchar, el Apóstol Pablo nos recuerda en cambio que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en una relación con Él y reconocer la huella de su proyecto de amor, en cuya realización estamos llamados todos a trabajar, día a día.

Pero, cuando se deja llevar por el egoísmo, el ser humano termina por arruinar incluso las cosas más bellas que le han sido encomendadas. Y así ha sucedido también con la creación. Pensemos en el agua. El agua es maravillosa y muy importante; el agua nos da la vida, nos ayuda en todo, pero para explotar los minerales se contamina el agua, se ensucia la creación. Este es solo un ejemplo. Hay tantos. Con la experiencia trágica del pecado, rota la comunión con Dios, hemos infringido la originaria comunión con todo aquello que nos rodea y hemos terminado por corromper la creación, haciéndola así esclava, sometida a nuestra caducidad. Y por desgracia, las consecuencias están dramáticamente ante nuestros ojos día tras día. Cuando el hombre  rompe la comunión con Dios, pierde su belleza original y termina por desfigurar todo a su alrededor; y donde antes todo recordaba el Padre Creador y a su amor infinito, ahora lleva el signo triste y desolador del orgullo y la voracidad humana. El orgullo humano explotando la creación, destruye.

Sin embargo, el Señor no nos deja solos e incluso en este panorama sombrío nos da una nueva perspectiva de  liberación, de salvación universal. Es lo que evidencia San Pablo en su carta, cuando nos invita a escuchar los gemidos de toda la creación. De hecho, si prestamos atención, todo lo que nos rodea gime: gime la creación misma, gemimos nosotros, los seres humanos, y gime el Espíritu en nosotros, en nuestro corazón. Pero, estos gemidos no son un lamento estéril, ni desconsolado, sino -como el Apóstol precisa- son los gemidos de una parturienta;  son los gemidos  del que sufre pero sabe que está por dar a la luz una nueva vida. Y en nuestro caso es realmente así. Todavía estamos luchando con las consecuencias de nuestro pecado y todo lo que nos rodea, todavía lleva la marca de nuestras fatigas, de nuestros defectos, de nuestros cierres. Al mismo tiempo, sin embargo, sabemos que hemos sido salvados por el Señor y ya se nos ha  dado  contemplar y percibir en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea los signos de la resurrección, de la Pascua, que opera una nueva creación.

Este es el contenido de nuestra esperanza. El cristiano no vive fuera del mundo, sabe reconocer en su propia vida y en lo que lo circunda los signos del mal, del egoísmo y del pecado. Es solidario con quien  sufre, con quien llora,  con los marginados, con los que se sienten desesperados… Pero, al mismo tiempo, el cristiano ha aprendido a leer todo esto con  los ojos de la Pascua, con los ojos de Cristo resucitado. Por eso sabemos que estamos viviendo el tiempo de la  espera, el tiempo de un anhelo que va más allá del presente, el tiempo del cumplimiento. En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar permanentemente con su misericordia los corazones heridos y humillados y todo  lo que el hombre ha desfigurado con su impiedad, y que de esta manera. El regenera un mundo nuevo mundo y una humanidad nueva, finalmente reconciliados en su  amor.

Cuantas veces los cristianos estamos tentados por la decepción, por el pesimismo… A veces nos dejamos  ir al lamento inútil, o nos quedamos sin palabras y ni siquiera sabemos qué pedir, qué esperar… Una vez más, sin embargo,  viene en nuestra ayuda  el Espíritu Santo, aliento de nuestra esperanza, que mantiene vivo el gemido y la espera en nuestros corazones. El Espíritu ve por nosotros más allá de  los aspectos negativos del presente y nos revela  ya ahora los nuevos cielos y la nueva tierra que el Señor está preparando para la humanidad.

Síntesis y saludo en español

Queridos hermanos y hermanas:

La creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos para que entremos en relación con él y colaboremos en su designio de amor. Sin embargo, experimentamos constantemente el pecado que daña nuestra comunión con Dios y con todo lo que nos rodea. Ante este drama, el Señor no nos deja solos, nos ofrece una prospectiva nueva de salvación universal.

El apóstol Pablo nos invita a que escuchemos los gemidos de toda la creación, que sufre las consecuencias del pecado; y, así mismo, nos anima a mantener firme la esperanza porque hemos sido salvados por el Señor. A través de su Resurrección, contemplamos los signos de la nueva creación.

El cristiano vive en el mundo y sufre los signos del mal y del egoísmo pero, al mismo tiempo, ve todo con los ojos de la Pascua; sabe que ahora vive un momento de espera, que va más allá del momento presente. No nos dejemos llevar por la desilusión o el pesimismo. El Señor quiere sanar con su misericordia los corazones heridos y humillados. Todo lo que el hombre ha desfigurado en su impiedad, él lo recrea y reconcilia en su amor.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los invito a pedir con insistencia la presencia del Espíritu Santo en sus vidas. Él nos asiste para que vayamos más allá de las apariencias negativas del presente y aguardemos con esperanza los cielos nuevos y la tierra nueva, que el Señor prepara para toda la humanidad. Muchas gracias.

* * *

Dirijo un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de San Pedro apóstol, un día de comunión particular de los creyentes con el Sucesor de San Pedro y  con la Santa Sede. Queridos jóvenes, os animo a intensificar vuestra oración en favor de mi ministerio petrino; queridos enfermos, os doy las gracias por el testimonio de vida que dais con el sufrimiento para la edificación de la comunidad eclesial; y vosotros, queridos recién casados, construid vuestra familia sobre el mismo amor que une al Señor Jesús con su Iglesia.

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