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2ª ULTREYA NACIONAL ITALIA. CURSILLOS DE CRISTIANDAD. ALOCUCION DE S.S. EL PAPA JUAN PABLO IIº ROMA, 20.04.1985


Muy queridos hermanos y hermanas, que estáis tornando parte en la Segunda Uitreya italiana de “Cursillos de Cristiandad”.

Me produce especial alegría este encuentro con vosotros, aquí en la Basílica Vaticana, donde se ha celebrado la Santa Misa con vosotros y para vosotros.  En ella habéis hecho profesión de fidelidad al Papa con la intensidad y entusiasmo, con que ahora me expresáis vuestra adhesión y vuestro afecto.

En este encuentro, junto a la tumba de San Pedro, se concentra la historia de vuestro Movimiento, pues con él se consolidan la fe en Cristo Jesús y en su Evangelio, el amor y adhesión a la Iglesia y la pasión por el hombre

A todos os saludo con suma cordialidad.  Dedico una palabra especial al señor Cardenal Eduardo Pironio, y os animo en vuestro empeño de ir siempre “más adelante” – Ultreya -, cual verdaderos servidores del Evangelio, hacia el hombre, hacia todo hombre.

Mi aprecio a vuestro Movimiento procede, ante todo, de saber que, con su pedagogía peculiar, acerca a Dios, fomentando en sus miembros, individual y comunitariamente, una relación firme y concreta con Cristo Señor y un “primer anuncio”, que permite comenzar una experiencia de vida cristiana madura.

En segundo lugar, de la constatación de vuestro propósito de vivir el Bautismo auténtica y constantemente, en plena unión con la Iglesia y su Magisterio, preocupándoos por ser levadura evangélica donde vivís y trabajáis.

Partiendo de aquí, mi aprecio se transforma en exhortación, a fin de que, cada vez más, seais agentes de evangelización.

CAMBIO INTERIOR.-

Para ser evangelizadores auténticos, es preciso aprender a estar ante Dios; es necesario educar la mente y el corazón para mirar a Cristo, dirigiéndose a El con afecto, amándolo, porque sólo si conseguís que Cristo sea la meta constante de vuestra vida, podréis animar cada vez más al mundo con su Espíritu.

Evangelizar es anunciar la tamilíarídad que tiene Dios con el hombre en Cristo, de la cual se ha tenido experiencia: “La Vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó” (1ªJn.1,2). Por consiguiente, evangelizar es llevar la Buena Noticia de Cristo “a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad… Pero no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos, con la novedad del Bautismo y de la vida según el Evangelio.  La finalidad de la evangelización es, por consiguiente, este cambio interior” (“Evangelii Nuntiandi”, 18).

Evangelizar es persuadir a la conversión, que con la fuerza del Evangelio cambia “los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de Interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación”.(“Evangelii Nuntiandi”, 19).

Convertirse quiere decir aceptar plenamente el abrazo entrañable y exigente de Uno más grande que nosotros, cuya fidelidad y misericordia son infinitas.

La persona que nace a la fe, sigue siendo siempre un ser herido en la inteligencia y la voluntad.  Con la renovación de la conciencia y la vida, la conversión y penitencia permiten así reparar las fracturas, cicatrizar las heridas e instaurar la unidad esencial en todos los niveles. “Convertirse es cambiar la vida en coherencia con el cambio de corazón” (“Reconciliatio et paenitentia”, 4).

Anunciar la conversión significa llevar al mundo el perdón de Dios, el misterio de piedad que es Cristo, el “si” misericordioso del Padre al hijo que vuelve a casa, seguro del amor gratuito, al cual confiarse.  Es construir una realidad humana nueva, teniendo a Cristo como impronta, como sigilo indestructible de una vida enraizada en Dios y, por lo mismo, llena de significado.

Convertirse es mensurar el propio ser y el propio actuar desde la altura de Dios, desde su abrazo misericordioso, seguros de que “quien comenzó la buena obra, la llevará a cabo” (Fil.1,6).

PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO.-

Los “Cursillos de Cristiandad” son también instrumento, suscitado por Dios, para anunciar el Evangelio en nuestro tiempo, para que los hombres se conviertan a Cristo, para que se salven las almas y para que sobre la tierra haya paz en la verdad y la caridad.

Pero indudablemente vuestro Movimiento tiene características peculiares que lo hacen realmente eficaz sólo si se realizan y se viven totalmente.

Recordando un elemento fundamental del programa formativo de los “Cursillos”, podemos decir que Jesús Redentor mira a la humanidad de tres maneras diferentes.  Por una parte, está la mirada de Jesús al joven rico (Mc.10,17-22) para llamarlo a una vida de fervor más intenso y de total entrega a la verdad y al testimonio; está también la mirada de Jesús a las multitudes “fatigadas y decaídas como ovejas sin pastor” (Mt,9,36), para invitarlas a la oración pidiendo “obreros” generosos para la mies de Dios; y está, por último, la mirada de Jesús a Pedro tras la negación (Lc.22,68), para reprenderle por su cobardía y animarle al dolor y a la confianza.

Pues bien, esta humanidad representada en los sucesos descritos en el Evangelio, se asoma cada día a vuestras ansias apostólicas: están los alejados de la verdad y de la gracia, que viven en el error o en el pecado; están los inquietos e inseguros, que buscan con afán el significado de su existencia y el fundamento del universo entero; están los tibios e indiferentes que, cansados y desalentados, recorren el camino de la vida sin problemas ni interrogantes trascendentales.  

PARA SER FERMENTO EN LOS AMBIENTES.-

Pues vosotros, que pertenecéis a los “Cursillos de Cristiandad”, debéis ser precisamente fermento en los diversos ambientes de la sociedad moderna para conseguir que el hombre de hoy se encuentre con la mirada de Cristo Salvador.  Se trata de una tarea maravillosa y formidable, un ideal grandioso que exige empeño generoso, en orden a aprovechar la posibilidad de formación espiritual que ponen a vuestra disposición los Cursillos; sólo si os preocupáis cuidadosamente de vuestra formación, seréis verdaderamente capaces de evangelizar el ambiente en que vivís con el testimonio coherente cae vida cristiana en la familia, el matrimonio, el trabajo, la escuela, según el espíritu de la “profesión de fidelidad al Papa”, que habéis proclamado, y que abarca un programa serio y completo de vida cristiana.

Poneos, pues, al servicio de las parroquias y de las diócesis, sea para catequesis de niños y adultos o para la animación de actividades varias en consultorios, tareas sociales y civiles, voluntariado, cuidado de los pobres y de las personas que sufren.

Cristo cuenta con vosotros y vosotros podéis contar con su gracia.

Por consiguiente, os exhorto a no conformaros con la mentalidad de este siglo, sino a transformaros renovando vuestra mente para discernir así la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable a El y perfecto (Cf.Rom.12,2), y ruego por vosotros a la Virgen María para que os ayude a estar abiertos como Ella a la iniciativa de Dios en vuestra vida y ser testigos de su amor.

Pidiendo para vosotros y cuantos representáis la abundancia de dones, os bendigo de corazón.

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