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3ª ULTREYA NACIONAL ITALIA. CURSILLOS DE CRISTIANDAD. ALOCUCION DE S.S. EL PAPA JUAN PABLO IIº ROMA, 24.11.1990


1.- Con gran alegría os acojo a todos vosotros, queridísimos hermanos y hermanas, venidos a Roma para participar en la Tercera Ultreya Nacional de los Cursillos de Cristiandad. Saludo a mis venerados hermanos en el episcopado aquí presentes; saludo a los coordinadores diocesanos, a los responsables territoriales y a los miembros del grupo de trabajo interdiocesano, que constituyen las “estructuras de comunión” de vuestro movimiento.

Os abrazo con efecto a cada uno de vosotros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que ofrecéis vuestra contribución a la evangelización, poniendoos al servicio de la pastoral diocesana.

   

Habéis deseado ardientemente que los trabajos de esta jornada previeran el encuentro con el Sucesor de Pedro, para afirmar una vez más vuestra voluntad firme de servir a la Iglesia acogiendo toda directiva del Magisterio y conformándoos a sus orientaciones pastorales. En efecto, tenéis el compromiso de permanecer siempre en sintonía y obrar en estrecha unión con la comunidad eclesial.  Tenéis la misión especial de evangelizar a la sociedad, cuidando la formación de las conciencias y penetrando los ambientes en los que vivís con el espíritu evangélico.

SEGUIMIENTO EXIGENTE DE CRISTO.-

2.- El término Ultreya, tan familiar para vosotros, remite a la imagen sugestiva de la vida cristiana como itinerario de conversión interior y como peregrinación espiritual. Subraya que nuestra existencia de creyentes es el seguimiento exigente de Cristo, quien nos pide que vayamos siempre más allá de nuestros proyectos y aspiraciones; Jesús nos invita a negarnos a nosotros mismos, a tomar la cruz y a seguirle (cfr.Mt. 16,24).  Sólo así nos convertimos en hombres “nuevos”, fermento vivo de un mundo renovado.

La humanidad tiene necesidad de apóstoles del Evangelio. De apóstoles que no antepongan nada a la fidelidad a Cristo; de hombres y mujeres que proclamen la verdad y trasmitan, con la coherencia de su comportamiento, la alegría de haber encontrado al divino Salvador; de personas que sepan hablar de Dios y dar testimonio de su amor a los hombres de su tiempo, expuestos a tantos atractivos efímeros y distraídos por ideologías consumistas con frecuencia deshumanizantes.

MIRAR CONSTANTEMENTE A JESUS.-

3.- Vuestro papel en la Iglesia, queridos hermanos y hermanas, consiste en crear núcleos de creyentes que lleven el mensaje de la salvación a todo lugar, haciendo valer el peso de su opinión no con la imposición, sino con la credibilidad de su testimonio.  Se trata, como a vosotros mismos os gusta repetir, de “vertebrar” este mundo nuestro, construyendo “vértebras” cristianas para la sociedad.  Es más, vosotros mismos debéis ser estas “vértebras” espirituales para permitir que el Evangelio se transforme en el esqueleto dé la humanidad renovada por el Espíritu Pero para poder desempeñar un papel tan delicado es necesario, ante todo, que redescubrais vuestra vocación y la profundicéis cada día mediante el encuentro personal con la gracia y la misericordia divina; debéis alimentamos de oración incesante, para que seáis auténticos adoradores del Padre y discípulos asiduos de su palabra; la participación frecuente en los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía os es indispensable para perseverar en el camino de la santificación. Los ojos de vuestro espíritu deben mirar constantemente a Cristo, al tabernáculo, porque es del misterio eucarístico de donde recibís la luz y la fuerza necesarias para avanzar por el camino de la santidad.

Asimismo, en esta perspectiva resultan muy útiles la dirección espiritual y la participación regular en las jornadas de convivencia, en los retiros y en los ejercicios espirituales, así como también en los demás encuentros de formación previstos por vuestro movimiento. De esa forma, experimentareis cuan sorprendente es la acción del Espíritu Santo y de la gracia de Dios que transforma la existencia del creyente.  

INSTRUMENTOS DE SU AMOR.-

4.- “Cristo cuenta conmigo; yo cuento con él”.

Esta breve expresión sintetiza bien el empeño misionero que se os confía.  Todo os llega de él; pero El os pide la disponibilidad para poder obrar eficazmente a través de vuestras personas. Sed por tanto dóciles instrumentos de su amor, intrépidos testigos y humildes servidores suyos. El “rollo”, el anuncio viviente que habéis recibido, debéis seguir difundiéndolo debéis seguir difundiéndolo: vosotros mismos debéis ser el anuncio vivo del Evangelio. 

   

Con el espíritu imbuido de esperanza y de ardor misionero “gritáis” vuestra fidelidad a Cristo sin faltar jamás a sus esperanzas.  Gritadlas, con la vida, en el cumplimiento cotidiano de vuestro deber.  Sabéis cuán apasionante es trabajar por el reinode Dios y conocéis bien la sed espiritual del corazón humano.

“Una grande, comprometedora y magnífica empresa” – escribí en la exhortación Chrístifideles laící – “ha sido confiada a la Iglesia: la de una nueva evangelización, de la que el mundo actual tiene una gran necesidad. Los fieles laicos han de sentirse parte viva y responsable de esta empresa” (Enc. CL.- Nº 64) He aquí el campo apostólico abierto también a vosotros en estos años de gran importancia histórica: La Iglesia os pide que seáis instrumentos de reconciliación y de fraternidad, difundiendo la amistad entre cuantos viven cerca de vosotros. Os pido que contribuyáis a un nuevo florecimiento del mundo, transformado con frecuencia en un desierto a causa del egoísmo y el pecado.

UNA CADENA DE ORACIONES.-

5.- Queridos hermanos y hermanas, en los Cursillos de Cristiandad, después de haber experimentado durante los tres días del curso un fuerte impacto con el amor de Dios y con las exigencias prácticas que derivan de él, comienza lo que llamáis el cuarto día, que dura, prácticamente, toda la existencia.  En este largo día – es decir cada día de la vida – debéis ser fieles, vigilantes y perseverantes. En toda ocasión debéis ayudaros y animaros mutuamente con el ejemplo y el apoyo fraterno, rezando incesantemente y ofreciendo al Padre celestial todo sufrimiento y toda prueba. ¿Acaso no es reconfortante saber que de todas las naciones del mundo, en las que el movimiento se ha difundido, se eleva hacia el cielo una cadena de oraciones a través de las llamadas ‘intendencias”?. Tal solidaridad espiritual, cuando se hace habitual, es una ayuda preciosa para que cada uno pueda perseverar en la propia vocación.

Mientras os animo a crecer en el entusiasmo y en la generosidad, confío a cada uno de vosotros y a todo el Movimiento a María, Madre de Cristo y de la Iglesia.  Que ella os guíe y os sostenga: la Virgen os proteja siempre

En Su nombre imparto de corazón a todos mí bendición apostólica.

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