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LAS SIETE HERMANITAS


CADA DÍA SU AFÁN                                                                     Diario de León, 16.2.2013

 

 

“Que por arriba que por abajo, la cuaresma siempre cae en marzo”. El antiguo refrán se limita a constatar un hecho que formaba parte de la experiencia. Nuestros mayores vivían en un ambiente en el que las “pertenencias” estaban unificadas. La persona pertenecía con igual derecho a la sociedad civil y a la comunidad religiosa.

Es más, las festividades cristianas eran el punto habitual de referencia para señalar el paso del tiempo. Todos sabían que la Pascua coincidía con el primer domingo después de la luna llena de primavera. En el hemisferio norte, por supuesto. Así que, más tarde o más temprano, el tiempo cuaresmal había de coincidir con el mes de marzo.

El conocimiento de la estructura cuaresmal se plasmaba también en otro refrán bien conocido: “La cuaresma son siete semanas: una coja, cinco sanas y una santa”. La cojera alude a esos días que van del Miércoles de Ceniza al primer domingo de cuaresma. Y la santidad remite a la Semana Santa.

Mi madre convertía ese calendario cuaresmal en una adivinanza: “Siete hermanitas somos, la primera que nací y la que menos tiempo tengo, ¿cómo podrá ser así”. El truco estaba en entender la expresión “tener tiempo”. Para todos era claro que la primera semana de cuaresma era la más breve, la que con menos días contaba.

Pero hay otros refranes que implican una velada denuncia socio-religiosa. Entre las diversas versiones que se conservan, basta recordar ésta: “La cuaresma y la cadena para los pobres es hecha”. La justicia es imparcial. Pero no se aplica por igual a los ricos y a los pobres. Es a éstos a los que se condena a prisión por los eventuales delitos.

El pueblo pensaba que si la cuaresma era penosa, lo era sobre todo para los pobres. Eran ellos los que tenían más dificultades para observar el ayuno y la abstinencia. Eran ellos los que ponderaban la pesadez de algo diciendo que “era más largo que una cuaresma sin pan”. Los ricos contaban con más medios para variar sus comidas.

¿Y qué es lo que observamos hoy? En primer lugar, nos damos cuenta de que muchos de estos refranes ya no son comprendidos. Es más, muchas personas ni siquiera saben cuándo llega la cuaresma. Y mucho menos saben que implica para los cristianos un tiempo de catequesis y de oración.

Muchos  ven la cuaresma solamente como unas semanas de una penitencia  que comienza con el ayuno del Miércoles de Ceniza y termina con el ayuno del Viernes Santo. Es cierto que entre nosotros, las hermandades y cofradías de Semana Santa mantienen viva la referencia a la pasión y muerte de Jesús.

Con todo, no podemos olvidar la riqueza de este tiempo. La meditación personal y la celebración litúrgica nos llevan a un proceso de catequesis y de conversión.  El itinerario del seguimiento de Jesús, deberá colaborar a prepararnos para la celebración gozosa de la Pascua del Señor.  Para resucitar con él y dar testimonio de que él vive entre nosotros.

 

José-Román Flecha Andrés


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