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UN TESTAMENTO DE PAZ


CADA DÍA SU AFÁN                                                                                 Diario de León 11.5.2013

“A todos los hombres de buena voluntad corresponde una tarea inmensa: la tarea de recomponer las relaciones de la convivencia en la verdad, en la justicia, en el amor y en la libertad… Tarea nobilísima, como es la de llevar a cabo la verdadera paz en el orden establecido por Dios”. Así escribía el papa Juan XXIII en su encíclica “Pacem in terris”, firmada el día 11 de abril de 1963.

Cincuenta años han pasado de aquel momento que señalaba en la práctica el testamento de aquel pontífice, originario de Bérgamo, al que todos llamaban el Papa Bueno.

Él mismo había presidido la apertura del Concilio Vaticano II el día 11 de octubre de 1962. El día 20 los 2.500 padres conciliares aprobaron el mensaje al mundo entero. Y buena falta hacía en aquel momento de tensión que recordamos brevemente.

Los buques soviéticos transportan a Cuba  las rampas de lanzamiento de misiles atómicos. El  presidente Kennedy decreta el cerco a la isla y coloca en máxima alerta los bombarderos sobre las costas de Florida. La llamada “crisis de los misiles” amenaza con un conflicto nuclear.

El día 25 de octubre, el Papa Roncalli recibe en audiencia a los obispos americanos y alemanes. A mediodía, dirige un mensaje radiofónico “a los hombres de buena voluntad” para que inicien una negociación. Pide a todos que escuchen el grito de las familias y de los pueblos que piden “paz, paz y paz”.

La Santa Sede no tenía relaciones formales con las dos superpotencias, pero aquella voz alcanzó en ellas un eco decisivo. Parece que Kennedy agradeció al papa aquel gesto. Y al Vaticano llegó Gomulka para mostrarle su gratitud de parte suya y del Pacto de Varsovia.

El 31 de octubre, en la audiencia general, Juan XXIII habla sobre la paz, como lo anota en su diario. Parece que ya ha tomado la decisión de escribir una encíclica. El 23 de noviembre, Pietro  Pavan, rector de la Universidad Lateranense, envía a Monseñor Loris Capovilla el resumen de ese documento. El 7 de enero de 1963 el Papa dedica la tarde a estudiar el texto.

Un texto que atraería la atención de todo el mundo. Un texto sencillo y profundo a la vez, en el que se reconocen los derechos humanos fundamentales y se exhorta a los pueblos a establecer el espíritu, el itinerario y la política de la paz, a emprender el camino del desarme y a reconocer el principio de subsidiariedad.

“No se da la paz entre los hombres si no hay paz en cada uno de ellos, es decir, si cada uno no instaura en sí mismo el orden querido por Dios”. He ahí el núcleo del testamento de paz del Papa Roncalli.

Juan XXIII murió el domingo 3 de junio de 1963. Su palabra seguramente había salvado al mundo de una catástrofe nuclear. En su última encíclica dejaba a todas las gentes y a todos los pueblos un luminoso mensaje de amor a la dignidad humana y a la paz entre los pueblos. Un mensaje que siempre es oportuno recordar.

     José-Román Flecha Andrés

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